8.9.09

Capote de Esperanza y Oro

Ha llegado al hotel a media mañana, acompañado de su cuadrilla sube su escaso equipaje y sus trastes. Nada sobre la cama; el traje, blanco y oro, descansa sobre el respaldo de una silla mientras simula los primeros reflejos de la tarde de triunfo que le augura todo el mundo. En el asiento, la montera, cuidadosamente volcada bocabajo en una operación realizada con especial esmero y dedicación.


Sobre el sillón, el capote de paseo, nuevo, a estrenar, aún envuelto con los paños que su apoderado cubrió antes de salir del taller para no dañar el bordado. Dentro, toda la Imagen de su vida en seda.


Y sobre la mesa, toda su alma, fotos de sus seres queridos y de sus devociones de su alma. Sus dos Madres, sus dos Padres, niños, Santos y Señoras bajo palio constituyen la fe que afianza su mundo y sostiene su vida, una vida dedicada al arte del toreo.


Junto a las estampitas, un haz de medallas con cordones de seda, pero de las que siempre separa una en concreto: un Ancla. Un motivo más para perseverar en su arte a pesar de las cornadas potenciales y, a veces tan reales, de la vida.


Calladamente se enfunda en su camisa y prepara su taleguilla no sin antes haberse colocado las medias con cuidado. Corbatilla negra al pecho en la que destaca su Señor Caído a modo de broche sobredorado. Chaquetilla y manoletinas para rematar el ritual de vestirse.


Los que quieres siempre están contigo. “Dejadme solo”, enuncias con una voz tan profunda como imponente, y dedicas tus últimos pensamientos antes de partir al coso a quien te otorgó el don de vivir tanto real como espiritual. “Dadme de sus nombres, Madres” repites una y otra vez en tu cabeza, “pero que no sea nuestra voluntad, sino la Suya”.


Y en el callejón, el maestro de espadas que retira los paños protectores de ese capote verde y oro que te regaló tu hermano… Es momento de marcar la cruz en el suelo, la tarde se abre como un abanico de color y se dibuja en el coso la Luz de Su nombre. En ese momento, se cubre con el capote que lleva a su Madre de seda prendida. El capote de la Esperanza para una tarde taurina…


Foto Álvaro Pastor Torres

1 comentario:

Vico dijo...

Con los pelos de punta, her!!!! Así se hace, sí!!!