26.10.09

La Merced de Jerez

A Manolo y Susana, por su hospitalidad y cariño...

Amaneció con un Sol brillante el día de la Patrona de la ciudad. La intensidad de la luz era tan grande, que podía traspasar si se lo proponía hasta los muros más fuertes. El calor, a pesar de ser ya finales de septiembre y de estar al terminar el estío, había hecho acto de presencia en toda su intensidad. Y el ambiente, el ambiente tenía un olor a nardos recién cortados...


Mis pasos sonaban por los adoquines de la estrecha calle para ir a encontrarme Contigo, Señora, Y sentía el ansia de mi adentro por descubrirte en el día de tu fiesta. ¡Llena eres de gracia, María de la Merced! Me unía a tu encuentro buscando un poco de misericordia, para pedirte por aquellos que aprecio y que se encuentran cerca de tus plantas. Gente cansada de luchar, pero que no ceja en el empeño de continuar cada día, de buscar un porvenir, y de ser lo más felices que este mundo nos permite a todos.

La Función fue preciosa, grandes reflexiones del Padre Felipe acerca de la figura de María como vínculo entre el hombre y Dios, Portadora de gracias y de alivios, y rompedora de cadenas que nos atan con su Misericordia.


Era el día de la Merced, y posiblemente, tardaría en volver, así que no podía marcharme sin despedirme de La que escucha las cuitas y las alegrías de mis amigos, Nuestra Señora de la Misericordia, Reina del Transporte de tantas y tantas Esperanzas... Y del Consuelo de su Hijo, maniatado y maltratado para liberación de todos...

La luz se mantenía en lo alto, fuerte, firme, potente, como Tu Rostro moreno... ¡¡Cuida siempre de Jerez, Virgen de la Merced!!

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