21.1.13

Virgen del Valle



Aconsejo al lector que lea mientras escucha la melodía...


Cuentan que todas las tardes, a la hora en la que los jilgueros comienzan su bajo vuelo, se escucha a lo largo de la calle una leve melodía que se escapa a través de una ventana. Cuentan que la melancolía se apodera de la luz y enmaraña las sombras poseídas por las notas de una música tan triste que rompe hasta el aire… cuentan que es tal la tristeza que vaga que hasta podemos sentir su fría presencia… y cada tarde se escucha una y otra vez, como un alma que vaga en el purgatorio, salida de un órgano apocado en un convento, una lánguida sinfonía que vuelve grises las flores y las hace suspirar como si de un duelo eterno se tratara…

Cuentan que esa triste melodía es el llanto de alguien a quien se le partió el alma, son lágrimas de dolor reflejadas en cada nota, quejidos lanzados al mismo cielo como un aullido mudo, gritos silenciados por un pentagrama doloroso al que se le escapa la vida.

Sentimiento reflejado en una clave de sol como un espejo rasgado…

Cuentan que los dedos que acarician las teclas del órgano somnoliento jamás volverán a sentir la brisa ni acariciar un alma, y es tal el dolor que transmiten que, cuentan, quien escucha esa melodía queda invadido por una extraña sensación de tener un profundo vacío…

Y suena una y otra vez, como queriendo devolver al mundo a aquellos dos que esas mismas corcheas un día se llevaron…su padre y su amigo…

Y a pesar de los años, cuentan, que hoy, al son de la triste música, sigue llorando el rosal del claustro por no dar rosas rosa para consolar el llanto de una Madre, por sólo tener espinas para Ella, que bien merece pañuelo de seda blanco como las notas de su pentagrama.

El órgano sigue sonando porque alguien puro lo golpea obsesivamente como si esa melodía pudiera devolverle toda su infancia disfrutada al lado de quien más quiso, mientras viste de pureza el hábito que la acompañará el resto de su vida, tarde a tarde, sentada al órgano, musitando Ave Marías al son de Virgen del Valle… Su padre no pudo dejarle mayor tesoro…

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