No sé si son Tus manos,
o Tu vidriosa mirada,
o Tu pelo enredado,
o Tu cara angustiada,
lo que me lleva contigo
y que me llega hasta el alma,
lo que me hace seguir
sin perder la Esperanza.
Por eso quedo cautiva,
cautiva de Tu mirada,
presa del sufrimiento
que golpea hasta Tu alma
dolorida en lo mas hondo,
y de Tus manos atada.
¡Rescátame, Señor,
del pozo de Tu mirada!